La princesa María José de Bélgica en el Restaurante de Toledo Venta de Aires

La princesa de Bélgica en Venta de Aires (Documento inédito. Año 1929)

Nuestros amigos de Toledo Olvidado nos han facilitado un documento inédito de la Revista Gráfica y Literaria de la Actualidad Española y Mundial “Estampa” del 8 de octubre de 1929.

Se trata de una visita que hizo Su Alteza Real La Princesa María José de Bélgica a la ciudad de Toledo y pasó por Venta de Aires. Os dejamos el artículo, escrito por Vicente Sánchez Ocaña en el que la Princesa habla de España y de sus ciudades con arte. Esperamos que os guste:

Su Alteza Real la Princesa María José de Bélgica… habla de España, de sus ciudades, de su arte.

Princesa de Bélgica en Venta de Aires

Madrid, 8 de Octubre de 1929

El lunes pasado, perdidas entre la muchedumbre que derramaba sobre los andenes un tren de Barcelona, entraron en la estación del Mediodía dos damas de aire modesto. La de más edad aparentaba unos treinta o treinta dos años, y era delgada, morena, de rostro fino, inteligente, iluminado por una sonrisa simpática. La más joven, una muchacha de veintitantos años, era rubia, alta, gallarda, con unos espléndidos ojos azules. Con sus sencillos trajes y sus maletines en la mano, no parecían más que dos humildes burguesas… DOs burguesitas volviendo de un corto verano, quizá…

Montaron en el omnibus de uno de los hoteles de la Gran Vía, se acomodaron en un rincón y mientras el coche rodsba fueron asomadas a los ventanales, mirando curiosas las arboledas del Prado, las fuentes, los palacios, el tráfago, rumoroso de la calle de Alcalá…

– Une belle ville, tres moderne… – opinó a media voz la señorade más edad sonriendo amablemente.

Su acompañante movió afirmativamente la cabeza.

– Oui…

Y siguió mirando los altos y blancos edificios, con los ojos muy abiertos, como pasmada… como desencantada…

El coche se detuvo ante la puerta del hotel. os viajeros fueron bajando y entrando en la Conserjería a inscribirse en el Registro.

Coando les tocó su turno a las dos viajeras, la señora delgada se adelantó, tomó la pluma y escribió sus nombres… El de su acompañante, primero:

“Mademoiselle de Rethy.” Después el suyo: “Madame de Lantsheere.” Y detrás de los dos, la misma nacionalidad “Belge”.

El aviso misterioso

A cambio de tantos acusadores como padecemos en este bajo mundo, los reporteros tenemos en el Cielo más abogados que los demás gremios. Tenemos cuatro… Yo creo -y que las personas piadosas y enemigas de la Prensa me perdonen si les parece que digo una irreverencia-, yo creo que los cuatro evangelisas se sienten unidos a nosotros por cierta solidaridad profesional. Porque… al sin y al cabo, los Evangelios, ¿no seon reportaje también?…

Pues bien; esos cuatro gloriosos abogados nuestros pusieron en el camino de mademoiselle de Rethy y de madame de Lantsheere a una criatura cuyo nombre no he podido conocer, pero a la que quiero dar desde aquí las gracias, que tiene la costumbre, plausible por supuesto, de leer las revistas ilustradas en general y Estampa, sobre todo.

Esa criatura, al ver a madamoiselle de Rethy, recordó algún rostro conocido… Un rostro visto con frecuencia en los periódicos, y me escribió, sin firmar, esta misteriosa nota:

“En el hotel… se hospedan desde ayer dos damas belgas que han dado los nombres de mademoiselle de Rethy y madame de Lantsheere. A esta última no la conozco, pero a la primera me parece haberla visto retratada en Estampa y en otras revistas y diarios. No le digo cuál es, a mi juicio, su nombre real por no equivocarme y equivocarle, pero su Estampa tiene interés en saberlo puede hacer las investigaciones naturales”.

Su nombre real es… Dos damas belgas…

¿No sería una broma tonta?

Su nombre real… Belgas…

¡Caramba!… ¡Si!… Real… Belgas… ¡Eso es! ¡La princesa María José, la hija de los Reyes de Bélgica, que dicen los periódicos que ha pasado por Barcelona!… ¡Eso es!… ¡La princesa María José, hija de los Reyes de Bélgica y prometida oficial del Príncipe Humberto, el heredero del Trono de Italia!…

No fue difícil encontrarla.

No fuimos a buscarla al hotel, naturalmente. Sabiendo que la Princesa es muy aficionada a las Ares Plásticas nos pareció que lo mejor era estacionarse en el Museo de Prado, adonde ella no dejaría de acudir. Y, en efecto, allí, en la sala de Velázquez, ante el cuadro de Las Lanzas, la encontramos, inmóvil, absorta.

La princesa no quiere

– Alteza…

Se volvió bruscamente, como asustada.

– Alteza… Su visita… Los periódicos… Mi periódico…

Mi oratoria no era elocuente y el modo de abordar no era hábil, pero ¿qué hacer? Yo no tenía quien me presentara: quien allanara el camino…

– Una fotografía… Querríamos… Si fuera posible hacer una… Una fotografía.

No es que uno no tenga elocuencia muy florida ni muy suasoria, claro; pero un balbuceo tan incongruente y tan afligido como el que yo emitía, allí plantado, delante de la linda princesa, de veras que nunca había llegado a producirlo.

No me chocó que me interrumpiera en seco:

– No. Es imposible. Viajo de incógnito.

– Entonces…

Me iba a retirar, cabizbajo y resignado. ¿Qué iba a hacer? A un bigardo de circo como Tunney que, después de hacer su carrera y su negocio a gfavor del reclamo gratuito de los periódicos, le da de pronto por ponerse austero y no quiere dejarse retratar, se le puede perseguir por las calles, pero a esta muchachita, sería una villanía intentar contrariarla.

Suspirando repito:

– Entonces…

Debe de haber tanta congoja en mi voz y en mi actitud que la princesita se conmueve un poco.

Sonriendo, suave y benigna, explica:

– Mi viaje no es oficial… No quiero que los periódicos hablen de mi mientras esté aquí…

– Pero cuando se vaya…

Hace un vago ademán de asentimiento.

– ¡Oh!…

Y sonríe otra vez.

Excursiones por Castilla

Claro que, aunque a respetuosa distancia, yo no he dejado de seguirla desde aquel día. Así hemos hecho unos cuantos viajes: a El Escorial, a Ávila y a Toledo.

Obedeciendo el plan que se ha trazado, por lo visto, desde que llegó a España, y también los sencillos hábitos de la Corte Belga, mademoiselle Rethy y la dama que la acompañaba continuaban viajando como dos modestas burguesas. No habían traído automóvil, no aceptaron alguno que se les ofreció. Iban de un lado para otro en el tren, igual que turistas de pocos recursos, y se cuidaban ellas mismas de tomar sus billetes, haciendo cola, ante las taquillas. Un día, en la estación del Norte, se equivocaron y vi a la Princesa situarse tranquilamente en el extremo de una larguísima cola de tercera a esperar vez.

La Princesa María José de Bélgica visita el Restaurante en Toledo Venta de Aires. Princesa de Bélgica en Venta de AiresLuego, en las ciudades, andaban a pié por todos lados, recorriendo lentamente las callejuelas, parándose ante todo lo que les chocaba: ante una casa vieja; ante un labriego con montera; ante algún picaresco chiquitín tumbado en medio de una calle…

Se las veía huir claramente de esas bandadas internacionales de turistas que, sobre todo en esta época, nunca faltan en nuestras ciudades castellanas. No sé si huían temerosas de que “mademoiselle de Rethy” fuera reconocida, o simplemente de los ¡Ah! y los ¡Oh! que producen los anglosajones cuando se sienten invadidos por la emoción estética; pero el caso es que, en cuanto veían arrastrando los pies por las losas de los claustros a un grupo de esos escapaban…

Escapaban también de los guías.

En El Escorial hubo uno empeñado en pilotarlas a través del Monasterio.

– El sepulcro de los Reyes… ¡Sólo reyes!- le indicaba la Princesa mostrándole el enorme edificio.

Ella entró sin hacerle caso, pero el hombre las persiguió durante un rato, repitiendo -en castellano purísimo, por lo demás.:

– El sepulcro de los Reyes— ¡Solo Reyes!

Y decía “Sólo Reyes” con el mismo todo con el que los comerciantes de tejidos dicen mostrando un corte de traje:

– ¡Todo seda!

La primera foto

La dueña del restaurante en Toledo Venta de Aires entrega un ramo de flores a la Princesa María José de Bélgica en 1929

La dueña del restaurante en Toledo Venta de Aires entrega un ramo de flores a la Princesa María José de Bélgica en 1929

Por fin, en Toledo, “Mademoiselle de Rethy” se compadeció de nosotros: de Benítez Casaux y e mi… Nos venía viendo, a lo lejos, mudos y suplicantes fantasmas, desde hacía cinco días… Nos veía, se sonreía y se llevaba un dedo a los labios ordenando silencio… Y nosotros, silenciosos y lejanos, seguíamos detrás de ella, Castilla adelante…

En Toledo, el viernes, la Princesa y madame de Lantssheere, almorzaron con el deán de la Catedral, el ilustre escritor José polo Benito, al que iban recomendadas, en la Venta de Aires. Cuando se marchaban, la dueña de La Venta, una buena y simpática mujer toledana, se acercó a Mademoiselle de Rethy, cuyo verdadero nombre no conocía, por supuesto, a ofrecerle unas flores. La princesa las aceptó sonriente.

– Gracias, dijo, en castellano.

Entonces, nosotros, que habíamos almorzado en la Venta de Aires, también, nos acercamos tímidamente.

– Si su Alteza quisiera ya…

Se resignó, con su suave sonrisa.

– En fin… Pero, ¿no publicarán la fotografía en su periódico hasta que yo me marche?

– Le damos nuestra palabra.

Las ciudades y el color

Ya nos agregamos al grupo que formaban las dos damas y don José Polo Benito y fuimos recorriendo Toledo: la Casa del greco, Santa María la Blanca, Santo Tomé, la Catedral…

La Princesa lleva un sencillo traje de crespón estampado, un jersey azul, sombrero de paja, zapatos de lona, y así ligera y alegre, como una burguesita en vacaciones, va delante de nosotros saltando ágilmente por las callejuelas de Toledo, subiendo y bajando las cuestas pedregosas, asomándose a los obscuros portalones, a los patios claros… Mira todo: las doradas casas, los viejos sarmentosos y lentos, las retorcidas callejas, con grave y sostenida atención. A cada momento se detiene y se queda absorta un rato en una bocacalle o ante una casona.

De pronto se vuelve hacia nosotros.

-¡Qué ciudad maravillosa!… ¡Es la más bella de España!

Lo dice con una viveza, co un entusiasmo, que choca con su aire tranquilo, reposado.

– ¿Más hermosa que Barcelona y que Madrid?

-¡Oh!… Son cosas distintas…

– Y ¿cuál le gusta más?

Vacila un instante. Y luego, firmemente, dice:

– Toledo… Y también Ávila, y Burgos, y El Escorial…

– Entonces, Madrid y Barcelona…

– Son magníficas ciudades, muy grandes y suntuosas. Magníficas ciudades europeas, pero sin…

Vuelve a vacilar.

– … Sin cachet… Ciudades como las demás de nuestro tiempo…

No lo dice “Mademoiselle de Rethy”, pero se advierte que Madrid y Barcelona han contrariado la imagen que ella se hacía de España.

Velázquez y El greco

En la Catedral, la Princesa se par largo rato frente a los cuadros de todos los grandes Maestros.

Ante un del Greco, permanece todavía más tiempo que ante los demás.

– ¿Le gusta? – Pregunto.

– Si… Es un gran pintor… Evidentemente…

Sus cándidos ojos azules están fijos en las escuálidas figuras atormentadas, patéticas… Parecen subyugados por ellas, dominados, entenebrecidos…

–  ¿Le gusta más el Greco que Velázquez?

Mademoiselle de rethy se arranca, como de un mal sueño, de la contemplación del cuadro y vuelve hacia mí sus bellos ojos, súbitamente serenados; sus grandes ojos, claros, suaves, tranquilos…

– ¡Oh!… No… El Greco no me gusta más Velázquez, no… Velázquez es uno de los pintores más grandes del mundo… A él es a quién yo admiro más de todos los pintores españoles.

Y recordando la luz de Velázquez; la alegre, la viva, la sana luz de Velázquez, sonríe plácidamente.

La Virgen de los Alfileritos

La Virgen de los alfileritos, esa imagen que hay en una hornaciona en una de las calles de Toledo, llama mucho la atención de la princesa.

Por lo visto las chicas toledanas que se quieren casar van a pedírselo a esa Virgen y le ofrendan alfileres.

Madeoiselle de Rethy escucha muy divertida esta historia.

– Con lo bonitas que son las muchachas de Toledo -comenta-, lo natural sería que las rogativas para casarse no has hieran ellas, sino los galanes…

Tomando el té con la princesa

A última hora de la tarde, D. José Polo Benito os llevó a tomar el té en su casa puesta con muy buen gusto con un patio, sobre todo, hermosísimos

La Princesa, muy contenta después de sus andanzas por Toledo, había ido olvidándose poco a poco de mi condición de periodista, que la había mantenido al principio de cierta reserva. Ahora charlaba llanamente con todo el mundo, bromeaba.

Sentó a su lado a la lida sobrina del deán y la hacía darle lecciones de castellano.

– ¿Se dice – preguntaba pronunciando lentamente, pero con corrección, elcastellano- To… Le… do…me… gus… ta…?

– ¡Eso es! aprobada la sobrina de don José.

-¿Y es… bo….ni….to?

Autógrafo que Su Alteza entregó a nuestro compañero Sánchez Ocaña

Autógrafo que Su Alteza entregó a nuestro compañero Sánchez Ocaña

– ¡Así! ¡Así!

– ¿Y “gra…ci…as!?

– ¡Sí!

– Hasta ahora no conocía España -indica, disculpándose-. No había podido venir antes… ¡Y eso que tenía tantos deseos de verla!… Yo he leído a los grandes escritores españoles, a Cervante, a Lope de Vega, a Calderón de la Barca, y soñaba con la hermosa España.

– ¿Volverá?

– Sí. Quiero volver… Quiero conocer Andalucía; el sol, el cielo de Andalucía… ¡Qué hermosa será Andalucía!… ¿No?

La sombra de Stresemann

Acabábamos de tomar el té cuando llegaron los periódicos de Madrid.

Las grandes titulares en que anunciaban la muerte de Gustavo Stresemann, el ministro de Negocios Extranjeros de Alemania, le chocaron.

– ¿Stresemann? – Preguntó señalándonos uno de los diarios.

Le tradujimos la noticia escueta de la muerte.

– ¿Ha muerto? – exclamó mirándonos asombrada.

– Sí… Anoche… De una apoplejia…

Quedó muda y grave, de pronto, inmóvil en su asiento, recogida en un silencio que no nos atrevimos a romper… ¿Rezaba?…

Al cabo de unos minutos alzó la vista hacia nosotros.

– Era – dijo- un hombre bueno, que trabajaba por la paz… ¡Que Dios se la haya dado a él!…

Y diciendo eso, la voz de la hija de Alberto I de Bélgica temblaba un poco.

Su alteza la princesa María José de Bélgica en restante de Toledo Venta de Aires

Su Alteza Real la princesa María José y su dama de honor, en el patio de la casa del ilustre deán de la Catedral de Toledo S. José Polo Benito, acompañados por éste, sus familiares y redactor jefe de ESTAMPA

A continuación podrás ver los documentos inéditos que nos ha hecho llegar el gran Eduardo García Butragueño, autor del Blog Toledo Olvidado, que os recomendamos que sigáis.

Pincha en cada una de los documentos si quieres descargarlos en formato PDF a mayor resolución.

Restaurante en Toledo. Documento inédito. Visita Princesa de Bélgica a Venta de Aires en Toledo

Documento inédito de Toledo. La Princesa de Bélgica visita Venta de Aires

Restaurante en Toledo. Documento inédito. Visita Princesa de Bélgica a Venta de Aires en Toledo

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Si deseas conocer más la historia de Venta de Aires, único restaurante centenario de Castilla-La Mancha pincha aquí.  

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